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lunes 30 de junio de 2008

Martha Wainwright - I Know You're Married But I've Got Feelings Too



No basta con imitar una voz dulce e infantil como la, dependiendo de la tonalidad más o menos aguda, de Joanna Newsom o Emmilou Harris, sino que es necesario evitar que se escape, más frecuentemente de lo deseable (aunque sin alcanzar el bochorno de sus directos), un grito de grulla cada vez que intenta alcanzar ciertas notas*. No basta con componer un digno sucesor de tu debut, sino que, teniendo en cuenta lo corriente y moliente de éste, sería conveniente esforzarse en parir algo destacable entre tanta y tanta tonadillera armada con una guitarra. No basta con tener un hermano de discografía, en ocasiones, brillante, sino que Marta Wainwright debe demostrar -en todo caso, si a estas alturas quedase todavía algún ápice de duda- que lo suyo no es puro y duro nepotismo.


Martha Wainwright - I Know You're Married But I've Got Feelings Too



* No se trata de un concierto benéfico para trisómicos, sino del programa de David Letterman.

martes 24 de junio de 2008

Madonna - Hard Candy



Cómo debe sentar a la sempiterna monarca del pop que, más de veinte años después de su debut y calcando buena parte de sus sonidos, facturen el que será, tanto por popularidad como por volumen de ventas, uno de los discos de la primera década del siglo. Hablo, fuera de descripciones más o menos crípticas, de Madonna y Nelly Furtado en cuanto a autoras, y de su homónimo (1983) y Loose (2005), respectivamente. Porque, solamente desde esa premisa -amén de sus ansias por recuperar el terreno perdido en el mercado estadounidense-, se explica el que la ambición rubia recurra a lo más manido de su panorama musical patrio para recordar a unas neófitas cortesanas que ella estaba antes. Así, Timbaland, conocido por catapultar la carrera de la canadiense y un, más famoso todavía, Justin Timberlake, además de producir un goteo constante de números uno; Danja, su alumno aventajado y opción recurrente para aquellos que no quieren o no alcanzan a cubrir los servicios de su mentor; Pharrell Williams, habitual de los principales éxitos de esa efigie trash conocida como Britney Spears, además de co-miembro de los reputados -en lo que a producción se refiere- Neptunes y N.E.R.D., y, completando el cuarteto de salvoconductos del sistema de radiodifusión y, por ende, de la lista Billboard, Justin Timberlake, el delfín de Timbaland y niño mimado de la MTV, conforman, más que el personal, el cártel responsable de Hard Candy, otro paso adelante, tras Confessions On A Dance Floor (2005), en las producciones low cost en la discografía de la Ciccone, amén de contribuir con varios ejemplos a su amor por lo ajeno.

Y es que, a lo largo de las producciones de Timbaland se aprecia la particular devoción que profesa por el trabajo de Jellybean y Reggie Lucas, plasmado en sonadas inspiraciones como el Outta My Head, de la hermanísima Ashlee Simpson o Do It, de la Furtado, además del, a estas alturas, machacado sonido techno como elemento potenciador de las melodías, aspectos presentes de un modo tan casi obligatorio como previsible en los cortes de Hard Candy que llevan su firma: 4 Minutes como máximo exponente, en cuyo estribillo, al igual que en Devil Wouldn't Recognize You, queda patente el enfoque adolescente, por no decir infantil o, eufemísticamente, comercial, de Timberlake, más sutil, sin embargo, resulta el uso de los sintetizadores por parte de Danja en los medios tiempos como Miles Away, Dance 2night (¿alguien se sorprendería si fueran descartes de American Life y Bedtime Stories?), todo lo contrario que Voices, la guinda final del trío, donde de la intencionada e irritante saturación se convierte en bochornosa tendencia, acompañada de unos arreglos en la línea de esa aberración perpetrada por Beyoncé y Shakira el pasado verano. Ahora bien, los principales -por no decir el único- avales de Hard Candy vienen de la mano del irregular Pharrell, autor de Give It To Me, destinada desde ya a ser uno de los clásicos de la vieja, a la altura, en cuanto a contundencia rítmica, de Vogue, una casi sobreproducida (tan sólo es necesario echar un oído a la versión primigenia) Beat Goes On, con la colaboración puramente comercial de Kanye West, y la retro She's Not Me cuya parte final resulta más propia de Stuart Price que del contexto en el que nos la han colado. Y digo colado porque el resto de pistas que componen el último disco de Madonna son, de relleno no, lo siguiente: pura bazofia. Una tema destinado a los ritmos electrónicos, como Heartbeat, es adaptado percutivamente al R&B mainstream, perdiendo, con ello, gran parte de su potencial fuelle; Candy Shop, cuya complejidad equivale a la de sumar dos más dos, no es más que un intento de emular el inexplicable tirón que supuso Promiscuous Girl de Timbaland y la luso-canadiense, aunque la palma de lo atroz se reparte entre Incredible (para ser justos, el título debería constar de dos adjetivos) y Spanish Lessons: en la primera lo pastel se combina con toda clase de excesos: repetición ad nauseam de una melodía genuinamente mala y de ecos y samples vocales, de beats de feria y, para rematar la faena, unos últimos momentos en los que la vergüenza hace acto de presencia y el tema cambia radicalmente a mejor, mostrando lo que podría haber sido y, para alegría del consumidor, no es. De todos modos, la bofetada final a éste viene con las lecciones cervantinas de (la) rubia, uno de los más lamentables churros de su carrera donde los tópicos sonoros más propios de México que del resto de culturas hispanas, junto con el hooliganismo lingüístico se condensan en tres insufribles minutos.

Aunque no acaban aquí los reproches a la vieja y sus secuaces, porque, como decía en un principio, repasando su trayectoria tanto musical como, sobre todo, legal, se aprecia su sensibilidad hacia las composiciones de terceros. Hard Candy no es, ni mucho menos, ajeno a éste cómodo hacer: sus dos mejores temas, Miles Away y Give It 2 Me son, respectivamente, plagios de (buscad algo duro para morder) Victoria Beckham y (ya podéis soltarlo) Marvin Gaye. La primera homenajea, tan fidedigna como gratuitamente, la melodía principal de Midnight Fantasy (2001), mientras que en el caso de Pharrell, éste ha echado el guante a la base original de Got To Give It Up (1977), con la deferencia, eso sí, de acelerar el ritmo para encubrir tamaño hurto.

Nuevamente, y, en el caso de Hard Candy, con unos resultados más bien patéticos, comprobamos que el mayor o menor éxito de Madonna depende de, ya no su propia habilidad, sino la de sus más inmediatos colaboradores para dejarse fagocitar (para más señas, ahí están el, con motivos, posterior Hello Waveforms (2006), de William Orbit, o, en el caso de Mirwais, Production (2000)) o, por lo general, ofrecer en su lugar a terceros (Salvatore Acquaviva, Malcolm Mclaren, Jem, Lou Donaldson, Curtis & Muldoon (Bodace) o Love).


Madonna - Hard Candy

jueves 29 de mayo de 2008

An Pierlé - Helium Sunset



Casi interminable es la lista de grandes artistas -y también grandes mongólicos- que citan a Kate Bush como uno de sus principales referentes, pero pocos, por no decir casi ninguno, han conseguido alcanzar el nivel de mimetismo de la belga An Pierlé, quien, con temas como Sister, Sorry o Nobody's Fault, pertenecientes a su segundo trabajo, Helium Sunset (2002), podría haber vuelto locos a los seguidores de la inglesa tres años antes de su fulgurante regreso al ser cortes perfectamente confundibles, especialmente por su timbre (aunque en el caso de Sister, la producción también suma enteros bushianos), con los de ésta.

Pero las comparaciones -que no influencias, ya que son posteriores-, más que odiosas, descriptivas, del trabajo de Pierle no quedan ahí; el atento oyente evocará una primeriza Feist -lejos del pop actual y más cercana a lo acústico y de corte jazz- en As Sudden Tears Fell, Medusa, o, en esa misma línea pero ligeramente más experimental, a la escandinava Anja Garvarek con Kiss y Helium Sunset. Incluso, como elemento más vívido encontramos Sing Song Sally, todo un guiño -ahora sí hablamos de inspiración- a Tori Amos y su agresivo teclear.

En esa misma tesitura más animada se pueden ubicar los dos nuevos cortes, 18 nicotene y Paris s'Eveille, pertenecientes al disco extra que acompañaba la reedición del álbum, y que también contenía algunos de los temas anteriores con una producción mucho más orgánica e interesante que la original.

De todos modos, la principal y única pega que, posiblemente, se le puede achacar a Helium Sunset y que no es otra que destilar unas influencias tan claras y marcadas que pueden llegar a eclipsar la propia identidad musical de An Pierlé, no es óbice para afirmar que, sin duda alguna, nos hallamos ante un estupendo trabajo.

An Pierle - Helium Sunset


An Pierle - Helium Sunset CD Extra

domingo 11 de mayo de 2008

Johnette Napolitano - Scarred



Concrete Blonde, pese a ser, oficialmente, cosa de tres, siempre ha girado en torno al útero de Johnette Napolitano. Ella fue la responsable del nacimiento de la formación, primero con Dream 6, y luego en 1986 con el fichaje de Harry Rushakoff (batería), y también quien selló la defunción de ésta al expulsar al anterior yonki en 2002 y firmando su epitafio en junio del 2006.

Tras esta liquidación casi corporativa, acogió a James Mankey, su sempiterno guitarrista, y decidió retomar el legado de la banda, esta vez, con su nombre y apellido. Así, apenas un año después de la muerte de Concrete Blonde, presentó Scarred, un conjunto de doce cortes que, si bien no contienen himnos como Joey, Caroline (una de las canciones favoritas de un servidor) o Still In Hollywood, sí resulta bastante superior a lo último publicado como trío (Mojave, de 2004 e, incluso, Group Therapy, de 2002), además de recoger, de un modo bastante heterogéneo, buena parte de los palos tocados por Napolitano a lo largo de dos décadas en el oficio.

Entrando en detalles, Scarred cuenta, además de los diez temas originales a cargo de Johnette, con sendas versiones de Coldplay (The Scientist) y Velvet Underground (All Tomorrow's Parties), contrapuestas en tanto en cuanto la primera recurre al sonido acústico -lo cual habría sido un acierto en caso de potenciar el aspecto vocal, cosa que no ocurre- y la última a una producción mucho más orgánica y acertada. Puestos a ser puntillosos y ya que hablamos de la composición ajena, llama la atención el escandaloso parecido de acordes existente entre Amazing y la archiconocida Sweet Dreams (Are Made Of This) de Eurythmics, que se acentúa si nos remitimos a la versión que hizo de dicho tema Marilyn Manson.

Por otro lado, y centrándonos en lo más genuino, los sonidos imperantes en este debut son la combinación de guitarras y efectos de estudio en lo vocal y las bases, logrando con ello algunos de los mejores cortes del disco: Crazy Tonight y Everything For Everyone (oscilantes entre el sonido de Concrete Blonde y las colaboraciones paralelas de Napolitano junto a The Heads) o I'm Up Here y Poem For The Native, en la línea de Mojave. Más allá, pinceladas como la grunge Save Me o las mezclas de lo acústico y el AOR presentes en Like a Wave, My Diane o la propia Scarred, evitan que el álbum se encamine hacia la homogeneidad más densa y, teniendo en cuenta sus más inmediatos antecedentes, tediosa.

En definitiva, el debut de Johnette es, de un modo oficial, el argumento perfecto para que ningún seguidor de Concrete Blonde profiera lamento alguno mientras ésta siga en activo.


Johnette Napolitano - Scarred

domingo 30 de marzo de 2008

The Married Monk - R/O/C/K/Y



Lo de estos tipos no son colaboraciones, son fintas; en 1994, al poco de formarse como banda, realizan numerosos conciertos junto a los electrónico-histriónicos The Little Rabbit, e incluso participan en un homenaje a estos, y, sin embargo, sus dos álbumes, There's the Rub y The Jim Side (especialmente este último), fueron sendos ejemplos de pop suave y con matices folk, lejos de estudios y artificios. Con semejante tesitura musical acompañarán, durante todo 1999, a Yann Tiersen, además de en su gira por tierras galas, en la grabación de su Black Session y su disco Tout est calme (Ibid), para, dos años después y contra todo pronóstico, publicar este R/O/C/K/Y y romper, mediante un pop más vitálico y barroco (flirteos electrónicos incluidos), con su anterior estilo sonoro.

Grosso modo, ese nuevo aire de The Married Monk, que continuará en su posterior -y más luciente- The Belgian Kick o (recién editado en enero del 2008) Elephant People, combinaba en R/O/C/K/Y un deje a The Divine Comedy que no sólo se queda en el timbre de Christian Quermalet, más grave respecto a su anterior etapa y próximo al de Neil Hannon o James Skelly (The Coral), sino también en la composición de temas como Holiday, A Spasso y, sobre todo, Roma amor. Por otro lado, dos factores caracterizarán esta ruptura: primeramente, la inclusión de bases electrónicas, bien de un modo más elegante y acorde con el conjunto (Stuck) o resbalando en A Life Of Ease hacia la petardería más ramplona y propia de los peores Scissor Sisters (aún por venir, pero valgan como ejemplo). El otro elemento, será la soltura y, hasta cierto punto, dadaísmo con el que los belgas despachan, vocal e instrumentalmente, Sea Song (baturrillo orquestal) o la insistente ("In a rush! In a rush!") Painful Summer, asimismo palpable en las más accesibles All I Have y Ancora Tu (notas aparentemente -insisto, aparentemente- disonantes).

En conjunto, The Married Monk firma un producto meramente pasable y sin mayor sorpresa que el cambio de género, pero sí recomendable de tener preparado en la recámara su posterior The Belgian Kick.

The Married Monk - R/O/C/K/Y

sábado 22 de marzo de 2008

Blackfield - II



Si alabarlos en su momento fue de recibo, justo es recriminar al proyecto de Steven Wilson y Aviv Geffen, en este segundo salto a la palestra, sus principales carencias.

Primeramente, la falta de consistencia propia de aquel que mucho abarca (con ésta son cuatro las formaciones musicales en las que se ve envuelto el británico) y poco aprieta: si en su debut podía pasarse relativamente por alto que tres de los temas eran adaptaciones para la ocasión de trabajos anteriores de Wilson y Geffen, en II uno de los principales ganchos es, sin ir más lejos, Where Is My Love? corte incluido adicionalmente en la edición especial de su primer trabajo. Por otro lado, la similitud imperante entre Miss U y Pain (anterior sencillo del dúo), unida a la idéntica producción de la precedente 1000 People, o el también parecido que guarda This Killer con Life Parade (Aviv Geffen) no hace más que refozar la impresión de que estamos ante un disco hecho a base de calcos y remiendos.

En consecuencia, el margen de innovación queda severamente limitado y, finalmente, rematado al comprobar que las piezas que no son meros lavados de cara de antiguallas bien podrían llevar la firma de Snow Patrol (Once), los Scorpions más pastelosos (My Gift of Silence) o cualquier otra factoría de pop elegante (Epidemic, End Of The World y Some Day destacan como momentos álgidos del conjunto), algo que deja bastante que desear tratándose de un par de figuras, especialmente Wilson, aclamadas musicalmente y que, visto lo visto, empiezan a ver mermada su creatividad (aunque algunos consideremos que, salvo excepciones puntuales, este último y bajo el nombre de Porcupine Tree lleva haciendo lo mismo disco tras disco y el talifanismo más recalcitrante se lo traga a pelo y sin pan de por medio).

Blackfield - II

lunes 17 de marzo de 2008

The Velvet Teen - Cum Laude!



No hay mal que por bien no venga y, pese a lo maquiavélico de la afirmación, el caso de The Velvet Teen es uno de los más claros paradigmas en el aspecto musical: una banda que, pese a contar en su debut (Out Of The Fierce Parade, 2002) con la producción del guitarrista y también productor de Deaht Cab For Cutie, Chris Walla, el resultado (comparable con lo peor de los peores Bloc Party) no merecía otro calificativo fuera del límite marcado por lo manido y lo mediocre; lo mismo que, dos años más tarde y sin su renombrado padrino, Elysium, su segundo disco.

Sin embargo, en 2006, y ante los preparativos de un tercer trabajo, Logan Whitehurst, percusionista y co-fundador de la banda, se ve obligado a abandonar todas sus obligaciones con ésta debido a un tumor cerebral. Le seguirá, no en la enfermedad, pero sí en la partida de The Velvet Teen, el bajista Josh Staples. Ambas ausencias permitirán la entrada de Casey Deitz, quien en perfecta comunión con el veterano solista, Judah Nagler, dará lugar a una ruptura total con el anterior sonido de la formación: omnipresencia del vocoder junto a elementos percusivos propios del math rock y profusión de teclados que recuerdan a otros nombres -bastante más lejanos- como Boom Boom Satellites (basta escuchar los sencillos Gyzmkid o Tokyoto para evocar -y no por este último título- a los japoneses), además de un conjunto que, sin ser puro deleite, sí amaga alguna que otra sorpresa en forma de estructura más propia del jazz, véase Rhodekill, o pequeños malabarismos en la producción (Bloom, Building a Whale) que, como mínimo, deberían servir de referente de cara a próximos álbumes del renovado trío.

A todo esto, y volviendo al dicho inicial; Whitehurst la palmó medio año después de editarse un Cum Laude! que de no haber sido suya la agonía, con toda probabilidad, habría supuesto la de la banda.

The Velvet Teen - Cum Laude!

lunes 3 de marzo de 2008

Manu Chao - La Radiolina



Cuando un retrasado como, por ejemplo, Chiquito de la Calzada* descubre un gracejo efectivo hace de éste un Potosí, explotándolo -muy españolamente- hasta convertirlo en un vertedero.

Manu Chao pertenece a esa misma clase de subnormales, por más que pese a sus -aún más subnormales- acérrimos: si repitió ad nauseam y durante años las cuatro notas características de Próxima estación: Esperanza, en su último trabajo, La Radiolina, consigue que odiemos ¡en poco menos de una hora!, los acordes de Rainin' In Paradize, los cuales se repiten en, ni más ni menos, que tres canciones más: El Kitapena, Mamá cuchara y Siberia; de 13 días: ídem en Besoin de la Une, y The Bleedin' Clown: ¿Y ahora qué?, además de las -mención especial- sirenas de policía, elemento presente en una cuarta parte de las canciones del cedé.

Eso es tener un par de huevos y, sobre todo, un público imbécil capaz de tragarse el mismo producto recalentado una y otra vez (pese a agradecerse su regreso al sonido de Mano Negra) con ganas de más.

Ahora sólo nos cabe esperar que cualquier día de estos Chiquito regrese sustituyendo el "¡Jarl!" por "¡Grñ!" para vernos en la obligación de fundar una asociación de amigos de la eugenesia.


Manu Chao - La Radiolina



* Para los lectores ajenos al Estado Español: sustituyan dicho engendro por su cómico local favorito.

lunes 25 de febrero de 2008

AaRON - Artificial Animal Riding On Neverland



Si dijera que en ocasiones recuerdan a Radiohead (O Song o (valga la redundancia) Endless Song, por ejemplo) o, más sensata y accesiblemente, a Coldplay (Angel Dust o U Turn (Lili), junto con el punto emotivo de Damien Rice (¡qué calidez la de Little Love!), a algunas se os haría el coño un puño ipso facto (sin ir más lejos, mi amplio abanico de conocidas femeninas lo corrobora), es más, incluso a mí y a otros tantos se nos ha (con)movido algo, entre tanto goce musical, con este par de galos que, nuevamente, consiguen que se les perdonen los volcados de fresas, peras, naranjas y lo que haga falta.

Y no vengáis con rudezas ni vaderetros de mariconadas; con tales referencias se os pueden antojar excesivamente empalagosos, pero todo es cuestión de ir picando de canción en canción (las anteriormente mentadas, por si no os queréis estrujar las meninges), como si de una onza se tratase, y al final os habréis metido entre pecho y espalda uno de los discazos de 2007, cual tableta de chocolate.

AaRON - Artificial Animal Riding On Neverland

lunes 18 de febrero de 2008

Sinéad O'connor - Theology



El hablar en la anterior entrada acerca de Sinéad y su par de huevazos quince años ha es un buen pretexto para endosaros su último trabajo, Theology, sobre el que, pese a abandonar el reggae -género que, a mi parecer, no da mucho más de sí- y volver a sus orígenes pop con matices folk, sigue planeando la alargada sombra de dicho escándalo.

Y es que el hacha de guerra que doña O'connor desenterró en 1992 aún sigue levantada, aunque en un plano más artístico y, desde luego, mucho menos mediático: las composiciones de este último disco están basadas en ese superventas de ciencia ficción que es la Biblia y desde la espiritualidad sin jerarquías eclesiásticas que predica -paradójicamente- como sacerdotisa de una facción cristianocrítica.

Ahora bien, dejándonos de pensamientos pienso para cretinos y centrándonos en lo que, por lo menos en este blog, interesa, es decir, la música, Theology presenta ocho nuevos temas firmados por la skinhead irlandesa, destacando entre ellos Something Beautiful (hace honor al título, en buena parte, gracias a la interpretación vocal), The Glory of Jah (alegre folk) Watcher of Men y Whomsoever Dwells más oscuras y al datar con anterioridad a su dueto con Ian Brown (Illegal Attacks, septiembre de 2007) no es de extrañar fueran la motivación de éste. Además, siendo las versiones un elemento abundante en su discografía, Sinéad dispensa, en esta ocasión, reinterpretaciones de clásicos de Curtis Mayfield (We People Who Are Darker Than Blue), Lloyd Webber y Rice (I Don't Know How to Love Him, de Jesucristo Superstar) y, tal y como ya hizo con el repertorio tradicional irlandés en Sean-Nós Nua (2002), echa mano del jamaicano Rivers of Babylon ataviándolo con una nueva lírica.

Por otro lado, y gracias al formato doble del álbum, podemos apreciar el papel esencial que juega la producción orquestal a cargo de Ron Tom (por increíble que parezca, se trata del mismo hombre tras esa aberración conocida como las Sugababes), recogida en el segundo disco o las London Sessions, mientras que unas insulsas Dublin Sessions conforman la primera parte, de la que se ocupa Steve Cooney habitual de la escena musical irlandesa, mostrando unas canciones intolerablemente desnudas de no ser por la excelente oportunidad que brinda para comprender por qué la mayoría de sensibles cantautores armados con una mera guitarrita o bandurria son musicalmente lo que Burguer King a la Haute Cuisine.


Sinéad O'connor - Theology (Dublin Sessions)

Sinéad O'connor - Theology (London Sessions)

sábado 16 de febrero de 2008

The Clientele - God Save The Clientele



Andaba un servidor rematando los discos de 2007 todavía pendientes de una escucha, cuando le llegó el turno a la quinta -y más reciente- entrega de los británicos The Clientele, propinándome ésta -de modesto título, God Save The Clientele- una grata sorpresa.

Las comparaciones con The Birds, los Yo La Tengo más tardos y menos eléctricos e, incluso, con Josh Rouse, son tan inevitables como, en este caso, honrosas, al invertirse aquello de que "se pega todo menos la hermosura", pues The Clientele, lejos de un
lo-fi o slowcore previsibles y soporíferos, nos ofrecen catorce melodías penetrantes y de punta melancólica envueltas en las guitarras -y pedal- de Alasdair MacLean y Pat Sansone (Wilco) a modo de estrella invitada, junto con los habituales instrumentos de cuerda y percusión a cargo del resto de la banda (Keen, Hornsey y Draisey), siendo el equivalente a -dos días después del emputecido San Valentín- una caja de bombones para los golosos de lo dulce, ligeramente pasteloso y, qué coño, ya que estamos en esta (argf) tesitura, un disco lo suficientemente notable (pese a, por ejemplo, la sospechosa reincidencia de acordes en I Hope I Know You y Somebody Changes) como para conquistaros en tan sólo diez minutos de escucha y sin tanta palabrería edulcorada* de por medio.

Ea.

The Clientele - God Save The Clientele



* Una vez os lo hayáis metido entre tímpano y tímpano, me venís con menos mofa y más empatía, valientes.

sábado 9 de febrero de 2008

Feist - Live at SWR3 New Pop Festival



Una de las yonkis más adorables del panorama musical desde que Beth Orton dejó de publicar maravillas para pasarse a la relativa mediocridad (escúchese Comfort of Strangers, verbigracia), viene a Madrid el próximo mes de junio, algo más de un año después de publicar su último y estupendo The Reminder, con el que ha encandilado a un servidor gracias a temas como I Feel It All, My Moon My Man, Past In Present o la putanesca Sea Lion Woman, esferas pop que dejan a años luz el sopor omnipresente en su anterior Let It Die.

Como supongo, habréis adivinado, estoy hablando de Feist, y la fecha prevista para dicha actuación, que tendrá lugar en la Sala Heineken al precio de unos 23 euros (Servicaixa y similares), es el 8 de junio. Por no pecar de centralismo -los visitantes del resto del estado me libren-, la canadiense estará un día antes en la Sala Apolo de Barcelona y quiero creer que al mismo precio (comisiones aparte).

Ahora, para todos aquellos que os quedéis en el apeadero provincial y sin poder asistir a tales conciertos o, sin ser tan dramáticos, por si los que ya os habéis hecho con una entrada o tenéis pensado hacerlo gustáis de saber de antemano lo que podéis llevaros a los tímpanos, os dejo con la actuación de Feist en el teutón SWR3 New Pop Festival, del pasado 2007 y en el que interpreta buena parte de lo más destacado de sus dos últimos trabajos (no encuentro que Monarch, su debut, sea tan execrable como para condenarlo al olvido, pero allá ella):

Feist - Live at SWR3 New Pop Festival

miércoles 6 de febrero de 2008

St. Vincent - Marry Me



Ni se casa, ni la casan; lo de Annie Clark son los romances efímeros, como el que mantuvo con los polígamos Polyphonic Spree o, más recientemente, con Sufjan Stevens a modo de Illinoiser durante su gira del 2006.

Duración del contrato relacional: lo justo y necesario para impregnarse de influencias y praxis ajenas que refleja en su debut en solitario, Marry Me, del 2007: predominio de coros, juegos de voces y percusión (no obstante, cuenta con el acompañamiento de Brian Teasley, de los Polyphonic, al respecto), además de la instrumentación de cámara (piano a cargo del Bowiano Mike Garson, y cuerda por gentileza de Louis Schwadron).

En cuanto a las composiciones, son, en su mayoría, muestras de pop elegante -en ocasiones de cáriz experimental- recordando a la primeriza Regina Spektor (antes de que se dedicase a fabricar mierda en cantidades ingentes) o, pese a lo odioso de las comparaciones fáciles, a otra ex pupila de Sufjan Stevens, Sarah Worden (t.c.c. My Brightest Diamond) en tanto en cuanto se sustituya el predominio de guitarras por los intrumentos anteriormente citados. A destacar la encandiladora Now, Now, Jesus Saves, I Spend (¿no he mentado unas líneas atrás a las Coco Rosie como evocaciones inmediatas? ¡Qué mente la mía!) o The Apocalypse Song, entre un conjunto bastante homogéneo y con buen regusto tras tres cuartos de hora de paladeo.

St. Vincent - Marry Me



P.S. Descubrir un sonrojante mamarrachismo 2.0. y no compartirlo, es reventar.

jueves 24 de enero de 2008

Sahara Hotnights - What If Leaving Is A Loving Thing



Sinceramente, no creo en los grupos de mujeres. No por mera misoginia o machismo, sino porque, con excepción del producto de Spector, The Ronettes, algunos maniquíes de la Motown (Martha and The Vandellas antes que las Supremes de la bizca ninfómana) y las irregulares Shangri-las, la inmensa mayoría de exponentes del género ha demostrado ser incapaz de superar el listón de la mediocridad, algo especialmente acusado en los ejemplos más recientes, como The Donnas (a su lado Avril Lavigne es el paradigma de la naturalidad) o esa vileza bautizada como The Pipettes: un intento por emular -con la gracia y desparpajo ingleses, eso sí- el prototipo sesentero.

Todo esto viene, sin ir más lejos, a colación de un cuarteto de suecas llamadas Sahara Hotnights quienes, tras haber intentado sin demasiado éxito hacerse un hueco en el punkrock idiota europeo a la sombra de sus paisanos The Hives, tiran la toalla -máscara incluida- y se muestran como el artificio pop al que estas comuniones de vaginas se ven, casualmente, destinadas. Así pues, en su What If Leaving Is A Loving Thing (2007) no hay atisbo alguno de guiños garage o rock sin edulcorar, al contrario que en sus anteriores trabajos (C'mon Let's Pretend o Jennie Bomb, por ejemplo), sino guitarras y clichés pop, más (Neon Lights, Puppy o Getting Away With Murder) o menos (Visit To Vienna, The Loneliest City Of All o la Knopfleriana Salty Lips) sonrojantes, con algún momento de efectiva adicción: el primer single Cheek To Cheek -con un muro de sonido platos mediante- y la sencilla Static.

En resumidas cuentas y más tarde que temprano, las Sahara Hotnights nos obsequian con un motivo más para, cuarenta años después y como si el bochorno de las Riot Grrrl no hubiera sido suficiente, despotricar contra cualquier banda cuyo patrón resida en la entrepierna.


Sahara Hotnights - What If Leaving Is A Loving Thing

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