miércoles 14 de mayo de 2008

Haciendo amigos

lunes 12 de mayo de 2008

Spain is Different



Ya me lo comentó el adorable DarthKAO tras acudir al concierto de Roger Waters en Granada: una ejecución impecable -con excepción de los fallos de sonido iniciales- empañada, más que por el tiempo, por el elemento cañí que se suponía más típico de un recital de El Arrebato que de un ex Pink Floyd.

El video es suficientemente aclarador respecto a lo que ocurrió: los mongólicos lobos abatieron el cerdo volador (y con su piel se hicieron un chubasquero) con total impunidad y ante la mirada atónita de una parte del público que, de haber tenido un mínimo de civismo habría hecho lo propio con semejantes bípedos. Como no pudo ser, espero que, por lo menos, la grabación sirva para que los autores de la fechoría terminen recibiendo, tarde o temprano, su buena dosis de karma.

Por otro lado, y lejos de las cámaras, la experiencia estuvo salpicada -valga la ironía- de más momentos de vergüenza ajena y propios del paleolítico, como, por ejemplo, el orinar desde las gradas hacia la pista central, que bien merecen, junto al cerdicidio, que ni un solo artista medianamente respetable vuelva a recalar en este país de pandereta durante los próximos años, a ver si así se nos quita la tontería o, qué se yo, a alguien le da por orquestar una especie de "Nunca Mais" contra el mamarrachismo en los conciertos.

domingo 11 de mayo de 2008

Johnette Napolitano - Scarred



Concrete Blonde, pese a ser, oficialmente, cosa de tres, siempre ha girado en torno al útero de Johnette Napolitano. Ella fue la responsable del nacimiento de la formación, primero con Dream 6, y luego en 1986 con el fichaje de Harry Rushakoff (batería), y también quien selló la defunción de ésta al expulsar al anterior yonki en 2002 y firmando su epitafio en junio del 2006.

Tras esta liquidación casi corporativa, acogió a James Mankey, su sempiterno guitarrista, y decidió retomar el legado de la banda, esta vez, con su nombre y apellido. Así, apenas un año después de la muerte de Concrete Blonde, presentó Scarred, un conjunto de doce cortes que, si bien no contienen himnos como Joey, Caroline (una de las canciones favoritas de un servidor) o Still In Hollywood, sí resulta bastante superior a lo último publicado como trío (Mojave, de 2004 e, incluso, Group Therapy, de 2002), además de recoger, de un modo bastante heterogéneo, buena parte de los palos tocados por Napolitano a lo largo de dos décadas en el oficio.

Entrando en detalles, Scarred cuenta, además de los diez temas originales a cargo de Johnette, con sendas versiones de Coldplay (The Scientist) y Velvet Underground (All Tomorrow's Parties), contrapuestas en tanto en cuanto la primera recurre al sonido acústico -lo cual habría sido un acierto en caso de potenciar el aspecto vocal, cosa que no ocurre- y la última a una producción mucho más orgánica y acertada. Puestos a ser puntillosos y ya que hablamos de la composición ajena, llama la atención el escandaloso parecido de acordes existente entre Amazing y la archiconocida Sweet Dreams (Are Made Of This) de Eurythmics, que se acentúa si nos remitimos a la versión que hizo de dicho tema Marilyn Manson.

Por otro lado, y centrándonos en lo más genuino, los sonidos imperantes en este debut son la combinación de guitarras y efectos de estudio en lo vocal y las bases, logrando con ello algunos de los mejores cortes del disco: Crazy Tonight y Everything For Everyone (oscilantes entre el sonido de Concrete Blonde y las colaboraciones paralelas de Napolitano junto a The Heads) o I'm Up Here y Poem For The Native, en la línea de Mojave. Más allá, pinceladas como la grunge Save Me o las mezclas de lo acústico y el AOR presentes en Like a Wave, My Diane o la propia Scarred, evitan que el álbum se encamine hacia la homogeneidad más densa y, teniendo en cuenta sus más inmediatos antecedentes, tediosa.

En definitiva, el debut de Johnette es, de un modo oficial, el argumento perfecto para que ningún seguidor de Concrete Blonde profiera lamento alguno mientras ésta siga en activo.


Johnette Napolitano - Scarred

miércoles 7 de mayo de 2008

Transparencia, honor y doble rasero



Primero fueron a por la Asociación de Internautas, y no actué porque para mí Internet no es importante; después denunciaron la Frikipedia, y no actué porque no me considero un freak; más tarde empapelaron a Alasbarricadas, y no actué porque no soy anarquista; a continuación hicieron lo propio con la revista Quimera, y no actué porque no soy literato; hace dos meses se querellaron contra la CNT, y no actué porque no soy sindicalista; este lunes le tocó a Público, y no actué porque no soy progre.

Mañana no debería ser necesario que fuera yo la víctima, como tampoco recurrir a Godwin o a lo ad hominem, pero si ni con éstas uno pone el paraguas delante para frenar las meadas en la cara, muy mal circularmente andamos.

Por lo pronto -y, de paso, compensar cuatro años de brazos cruzados-, la agenda de actos contra la SGAE propuesta por la CNT no se queda corta, el artículo de público que en su momento alojó los comentarios que sirvieron como excusa causantes de la denuncia aún no ha eliminado la posibilidad de introducir nuevas informaciones sonrojantes para la innombrable y en el foro de BandaAncha, entre onanismo y onanismo mental, sugieren alguna que otra acción concreta para este 10 de mayo.

lunes 5 de mayo de 2008

Caamora - She



Debo confesar que jamás he sido un apasionado de los musicales. Es más, por regla general los aborrezco y se me antojan, salvo contadísimas excepciones, una basura monumental vendida como cultura a pelotones de jubilados y escolares o, que cuando, para más INRI, se encubre bajo el adjetivo de ópera-rock, adquieren tintes cuasi delictivos.

Pese a todo, hará un par de semanas leí una reseña muy favorable acerca del nuevo proyecto de Cliven Nolan (Arena o Pendragón, entre otras bandas de las que ha formado parte) junto a una nueva vocalista, Agnieszka Swita, de nombre Caamora y con recién estrenado (el pasado 10 de marzo, sin ir más lejos) debut: la ópera-rock She, basada en la novela homónima del victoriano Rider Haggard. Para tal menester, el multinstrumentalista ha contado con la participación de conocidos nombres de la escena progresiva: desde Alan Reed (Pallas) hasta Christina Booth (Magenta) como acompañamiento vocal, pasando por John Jowitt (IQ) y Richard West (Threshold) en los bajos y guitarras.

Con semejante plantilla, es obvio que She merecía, como mínimo, una escucha y, para fortuna de un oyente, éstas fueron varias. La obra, dividida en dos actos (uno por cedé) y éstos, a su vez, en cinco escenas, se puede catalogar, grosso modo y musicalmente, como más propia del género del musical -en tanto en cuanto las melodías vocales predominan, bien en forma solista o coral- que del rock y, teniendo en cuenta la trayectoria de Nolan, alma mater de Caamora, el progresivo.

Si bien en la primera parte ganan peso las piezas que evocan la principal banda de Cliven, es decir, Arena (The Storm, The Veil, History), con la alternancia de tempos propios del metal y otros más largos en los que la voz cobra protagonismo, junto con cortes de inspiración épica, a imagen y semejanza de grupos tan conocidos como Nightwish (Rescue, The Bonding, Ambush u Overture, donde ya se presenta el leitmotiv coral de She) y, finalmente, los más operísticos y propios de un musical (Judgement, Vigil) y los que oscilan entre los dos últimos estilos (que, a todas luces, ofrecen un resultado más interesante, escúchense sino Confrontation y Shadows, ambas ricas en detalles instrumentales y de percusión); en el segundo acto, lo vocal toma el relevo, con especial importancia de los coros -aquí entran en escena Reed y Booth- que con tanta abundancia de tema ejemplar (The Sands Of Time, Closer, Cursed, Fire Dance, Disbelief, entre otras) termina convirtiéndose en un relativo y tedioso lastre a unas alturas del repertorio merecedoras de mayor dinamismo. Aunque no hay mal que por bien no venga, al contribuir a hacer más ansiada la guinda final: una suite de 10 minutos que repasa notable y prácticamente todos los palos tocados a lo largo y ancho de la obra para terminar tal y como ésta empezó (¿ya os he comentado lo de la apertura y su leitmotiv?).

En conjunto, y teniendo en cuenta la cantidad de aberraciones perpetradas bajo el mismo paraguas de género, She supera el aprobado con creces, pese al criticable relaje de las últimas escenas (en concreto, sexta, séptima y octava) y, sobre todo, a su gran fallo: Agnieszka Swita. Una voz, la suya, monocromática y tan flexible como una octogenaria que, en definitiva, empaña una obra donde lo vocal adquiere gran protagonismo y, por ende, requiere de solistas más capacitados (en cuanto a octavas, potencia o versatilidad). Toda una pena inexplicable, por otro lado, dado el bolsillo y fama de Clive Nolan, los cuales, se presupone, permiten seleccionar a cantantes, como mínimo, menos sospechosas que Doña Swita.

Caamora - She

miércoles 30 de abril de 2008

Dredg - El Cielo



Hay ocasiones en las que la llamada Web 2.0. o, lejos de tecnicismos, aquella en la que los usuarios crean los contenidos, me abruma. Tal y como dijo tiempo ha el Hombrecillo Verde, la diferencia entre una publicación profesional, con expertos y criterio, y las wikis, donde la opinión sobre física cuántica de un niño de trece años tiene el mismo valor que la de un físico cuántico. De las publicaciones profesionales, viendo el panorama -no obstante, merecido- de este país, no voy a hablar, pues el artículo anterior ya sienta suficiente cátedra al respecto, pero sí quisiera apostillar algo acerca de la democracia virtual en lo que a contenidos se refiere.

El motivo concreto de esta disertación es que, como en multitud de casos -algunos, tarde o temprano, caerán por estas páginas-, la masa tiende a no llamar a las cosas por su nombre, a adjetivarlas incorrectamente (sin dar cabida a objeciones subjetivas) y, en consecuencia, a generar sobrevaloraciones y malentendidos basados en la ignorancia y el alarde de ésta, como es el caso de los californianos Dredg y -pese a poder hablar en términos generales de su obra- su segundo disco El Cielo, un trabajo rock con reminiscencias de los Incubus más pastel (verbigracia, It Only Took a Day, Whoa Is Me, Scissor Lock o, incluso, el destacable sencillo Same Ol' Road) y al sonido algo más contundente de los desaparecidos Skunk Anansie (Sanzen, Sorry But It's Over) que, sin embargo, y pese a lo simple de las estructuras musicales de los diferentes temas o lo lejos que ambos referentes quedan de un género como es el rock progresivo, la música de dicha banda es calificada como tal por varias de las más importantes (en cuanto a tráfico y número de usuarios) fuentes de información musical en Internet: Last FM, Rateyou,Mongo! y la Wikipedia.

¿El porqué de esta confusión? Principalmente, por el mero hecho de que El Cielo es un álbum conceptual acerca del cuadro de Dalí Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar, del mismo modo que discos fundamentales del rock progresivo también fueron conceptuales (Pink Floyd y su Dark Side Of The Moon, entre otros, Rush y 2112 o Genesis con The Lamb Lies Down on Broadway) y, prácticamente, pioneros en semejante inspiración musical. Claro que el versar todas las composiciones en torno a un eje argumental no es -ni fue- feudo exclusivo de un género; el art rock tiene algunos de sus máximos exponentes en The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, de Bowie, Purple Rain, de Prince o The Downward Spiral, de Nine Inch Nails; todos ellos títulos suficientemente conocidos a nivel popular (o, por lo menos, así lo atestiguan los millones de copias despachadas en su momento) como para disipar toda duda acerca de la horizontalidad del arte conceptual.

Por otro lado, en el mundo musical y, más concretamente, en el de la producción, un nombre reputado suele indicar -o avalar- en qué derroteros sonoros convergerán diversos artistas bajo un mismo paraguas de arreglos y mezclas, aunque, tratándose del arte y de lo humano, la regla no resulta infalible en tanto en cuanto el nivel de independencia o evolución del propio productor varían según el tiempo y el artista con el que trabaje. Así pues, no por figurar Ron St. Germain (mezclador de los Tool más neófitos) en los créditos de El Cielo, éste será un calco musical de Undertow o Salival; como tampoco se nos ocurriría aplicar la misma fórmula con Goo, de Sonic Youth (también firmado por St. Germain).

No queda otra conclusión, pues, que combinar ambos factores: el encasillamiento del álbum en un estilo por lo conceptual (y, por ende e igual de equinamente, lo a priori elaborado de la obra) y, en menor medida, por la reputación de quien lo firma. En definitiva, presunción pura y dura que, además, evidencia algo mucho más vergonzante, como es la inercia y el borreguismo masivo que, volviendo idea inicial, tanto abunda en la Web 2.0.; el escuchar un disco y juzgar en base a lo preestablecido y previamente masticado por el que venía delante en lugar de por lo que han captado los propios oídos y el posterior contraste con la enorme cantidad de fuentes de saber disponibles.

Algo que, tristemente, se asemeja al político siendo definido por su público como lo que él mismo proclama en sus discursos, y no por sus acciones que esos mismos ciudadanos sufren en sus carnes y bolsillos.

En fin, dadnos premisas y llamadnos tontos.


Dredg - El Cielo

domingo 20 de abril de 2008

Chris Isaak - Live at Bimbo's 365 Club (29.VI.95)



Por lo general, un "one hit wonder" es como la viruela o el sarampión; solo se sufre una vez en la vida. Aunque con la aplicación en el mundo musical del fordismo y la producción en cadena, estos se repiten con mayor frecuencia de la que deberían, tal que si un laboratorio se dedicase a repartir mutaciones de los anteriores virus por doquier y con cierta regularidad (pongamos, un par por trimestre).

Para las bacterias que protagonizan dichas infecciones, éstas suponen, cual bendición, sus cinco minutos meses de fama en forma de saturación mediática, pero en el caso de los buenos artistas, el dar el braguetazo sonoro no es más que una losa que, con toda probabilidad, eclipse el resto de su carrera, por buena que ésta sea.

Chris Isaak es, por desgracia, uno de los mejores ejemplos de lo anterior: pese a empezar desde lo más bajo, con su propia banda de rockabilly y sin la estampa de lo prefabricado, gozar de una discografía más que notable y a medio camino entre Elvis y Roy Orbison, el barítono murió de éxito de la mano de David Lynch, responsable -con Wild at Heart- de dar a conocer al gran público la famosísima Wicked Game, aún hoy, corte de referencia para referirse a Isaak y que ni la utilización de otro de sus temas en la gran pantalla, como fue Baby Did a Bad, Bad Thing por, ni más ni menos, Kubrik en Eyes Wide Shut, ha servido para añadir un nuevo título a la asociación popular del artista.

Así pues, qué mejor pretexto para dar a conocer, por un lado, parte de la obra ensombrecida del crooner y, por otro, ese estupendo potosí de directos que es The Ultimate Bootleg Experience, con la recuperación de uno de los conciertos que Chris Isaak ofreció en 1995, en plena promoción de Forever Blue, su último trabajo y que, sorprendentemente, no copa el listado de temas interpretados, tomando muestras de sus anteriores álbumes, con la inexplicable excepción del primerizo Silvertone (Dancin' y Vodoo, como mínimo, merecían un hueco). Más adelante, dos nuevos trabajos originales conformarán su discografía, a la que hay que añadir tres recopilatorios y un par de álbumes de versiones, aunque, para empezar a descubrir todo lo que se oculta tras Wicked Game, bien servirá este ligero anticipo:


Chris Issak - Live at Bimbo's 365 Club (29.VI.95) Pt. 1


Chris Issak - Live at Bimbo's 365 Club (29.VI.95) Pt. 2

viernes 18 de abril de 2008

"Se busca lavadora para dirigir banda"

Toma futurismo!

P.S. Aquí, en tecnicolor.

Esos Discos Estúpidos no tiene otra finalidad que la disfusión de la cultura musical mediante la inclusión en el blog de reseñas, otros artículos de opinión y noticias, todo ello acompañado de material multimedia para una mayor rigurosidad de estos. Los ánimos de violar derechos de autor están en los ojos de quienes, muy sui generis, se encargan de gestionarlos oficialmente; no en esta página al no existir ánimo de lucro ni por parte del autor ni por los comprometidos usuarios.
Quisiera hacer especial hincapié en el siguiente enlace, De ventrílocuos Impostores, a cargo de Mon Falcón, quien, con excelente prosa, ofrece el 24 de cada mes y desde Libro de Notas, no menos excelentes artículos sobre figuras y géneros musicales. Cien por cien recomendable:
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